"DE FUERA VENDRÁ..."

Comedia en tres actos de Sabino Arana Goiri, fechada entre 1897-1898 por José Luis de la Granja, que la rescató de las catacumbas archivísticas de Salamanca, tal como él mismo nos lo relata en el prólogo donde presenta, anota y estudia esta obra:
Sabino Arana Goiri: “De fuera vendrá...”, San Sebastián, Haranburu, 1982:

“En junio de 1980 el autor de estas líneas se hallaba investigando sobre el nacionalismo vasco en la II República en el Archivo Histórico Nacional – Sección Guerra Civil, existente en Salamanca, y encontró allí, entre su rica y abundante colección de folletos, dos textos –uno político y otro literario- de Sabino de Arana Goiri no incluidos en sus Obras Completas (Sabiandar-Batza, Bayona-Buenos Aires, 1965).
El primero de ellos se titula Textos políticos. Consejo Regional Vasco... (...) El segundo texto es la comedia De fuera vendrá... (que sigue sin figurar en las O.C. [el autor se refiere, obviamente, a la nueva edición de las mismas de la editorial Sendoa, de Donostia, de 1980, en tres volúmenes]), cuya edición anotada y su estudio histórico-crítico constituyen el objeto central de este libro. (De este folleto, a más del ejemplar guardado en el Archivo de Salamanca, he localizado otro –al que le falta la portada- en la Sección Vascongada de la Biblioteca Provincial de la Diputación de Vizcaya y un tercero en la Institución Sancho el Sabio de Vitoria. También Jon Bilbao posee uno en su biblioteca de Guecho).” (21-22)

La autoría de esta obra por parte de Sabino Arana queda, en el estudio de José Luis de la Granja, fuera de toda duda, como luego lo han corroborado el resto de especialistas, empezando por Javier Corcuera, autor del prólogo de esta edición.

En esta comedia de Sabino Arana Goiri aparece el término MAKETO o similares en las siguientes ocasiones:

DON CÁNDIDO: (...) “Pero que nos vengan diciendo que si las razas son distintas... que si este país ha sido siempre independiente... que si hay motivos serios de religión y moral, porque los maketos (¡ésta es su culta terminología!) nos traen el descreimiento y la corrupción de costumbres... que si no somos españoles ni lo hemos sido nunca, y constituimos por natural derecho nacionalidad aparte... Que estas cosas nos digan a nosotros, que hemos conocido los Fueros y sabemos lo que son...” (66-67) (puntos suspensivos del original y así en los restantes que siguen salvo los que van entre paréntesis)

IGNACIO: “Pero, si he de hablarte ingenuamente, no la comprendo. ¿Qué te importa a ti que ese tío maketazo acompañe a mi hermana, si no se la ha de llevar?” (75)

JUAN: “Bueno; ahora suponte el otro caso: que Anita prefiera al maketo, aún alcanzando yo ese empleo.” (76)

JUAN: “¡Hum! Esto no me hace mucha gracia... En las cartas últimas le llamaba el maketo... ahora ya le llama don Filomeno... y dice que es muy fino... y entra en su casa... y ha estado ya dos veces convidado...” (80)

JUAN: “Sí... la plaza no creo que me la llevará ninguno de esos sete maketos, por más de que uno de ellos dice que ha estado empleado en la Diputación de Murcia.” (86)

JUAN: “(Aparte) Este me servirá. Antes le enviaba por el correo o le daba yo personalmente las cartas. Pero por el correo no me atrevo desde que me sorprendió su padre; y personalmente no puedo, porque no encuentro ocasión hace tiempo. De su hermano nunca he querido valerme porquen o me parece bien. Así es que tengo que echar mano de uno de estos maketos, porque los vascos no valen para estos oficios.” 95

IGNACIO: (...) “Mas ¿será posible que un español entre en mi familia? ¿Será posible que mi única hermana venga a ser mujer de un maketo? (...) Pero ¿cómo? ¿Estoy viendo visiones? ¿Qué es esto? Tú también aquí... tú también a arrebatar el pan que pertenece a mi amigo... ¿no eran bastantes los siete españoles que en un principio se presentaron y has venido tú a última hora... y tú... tú, miserable maketo..., tú precisamente?” (111)

Total, siete apariciones del término “maketo” y una de “maketazo".
* * *

Además aparecen otras alusiones despectivas del mismo estilo, sin utilizar el término maketo, en los siguientes casos:

IGNACIO: (...) “¿Cómo quieres que ahora te sustituya por otro, y más siendo el nuevo un español de típica cepa, ella, que siempre se ha mostrado tan nacionalista como nosotros?” (77)

JUAN: “Aquella bandera española que, al sentir el torpe beso del Eolo de su patria, se agita voluptuosamente, y ya se despliega y eleva sobre el asta de popa que la suspende para recordarme su dominación en esta tierra nuestra, ya se repliega con sarcástico gesto de famélica arpía... ¡se está burlando de mí! Y este mismo viento español que parece salido de los infiernos... si muge con salvaje complacencia al precipitarse por las angostas calles pobladas de latinos, y desgaja y derriba con jactanciosa facilidad las ramas de nuestros viejos robles, y silba frenéticamente al chocar en los hilos eléctricos que se cruzan y entretejen sobre los lujosos hogares de la rica villa... ¡es porque se está burlando de mí!...” (79-80)

IGNACIO: “Muy sencillo: Ana le habrá hecho algún nuevo desaire, y el señor Cordero, burgalés, no habrá tenido ya alma para aguantarlo.”
JUAN: “Mucho me extraña eso en un español.” (86)

CORDERO: (...) “Se conoce que el bárbaro ese de la boina la había hecho tilín. ¡Ca! Si me hacía hasta desprecios... Pero hay que tener aguante para todo, aguante de español y parla, fina parla castellana. Y luego... este gracejo que tenemos para hablar los que hemos estado en Andalucía...” (89)

CORDERO: (...) “...subí al segundo piso, donde vive la familia leonesa amiga mía, y recogí la carta dirigida por el boinaza a mi amada y la peseta que la acompañaba, diciendo que la carta era mía y que había sido entregada allí equivocadametne y que la peseta era para la criada del primero, y si luego le refiero cómo me guardé la peseta y me serví de la misma carta del boinaza, para pisarle como a un sapo, borrando de ella lo que me pareció oportuno... ¡ca! No puede ser, porque este don Inocencio es un beato, y yo desmerecería acaso en su concepto, por más de que la cosa sea la más sencilla y natural del mundo y de la clase de ardides que en mi tierra se emplean corrientemente en semejantes casos.” (104-105)

CORDERO: (...) “Pero según luego me refirió el mozo, parece que el de la boina le salió al encuentro en la misma puerta de casa de Anita, y habiéndole preguntado a dónde iba, qué llevaba y quién era el remitente, y sabido todo por ese estúpido gallego, le convenció a éste de que era íntimo amigo mío... (...) Dicho y hecho: el animal del gallego se lo cree todo y arrollando la carta...” (107) (puntos suspensivos míos)

IGNACIO: (...) “... pero ¡tanto venir a cualquier hora ese español a casa...” (110) (puntos suspensivos finales míos)

JUAN: (...) “Desde que ese victorioso español apareció por tu casa, dos cartas he escrito a tu hermana y no he obtenido contestación...” (113) (puntos suspensivos míos)

IGNACIO: (...) “Don Crisóstomo: en usted vemos nosotros no sólo un digno ministro del Señor, un ejemplar sacerdote bizkaino, sino un verdadero amigo nuestro, un padre de nuestras almas, y estamos obligados a revelarle a usted el firme propósito que tenemos de marcharnos lejos de esta Patria nuestra, más vilipendiada por sus mismos hijos que por los extraños...” (115) (puntos original)

DON CRISÓSTOMO: “Mirad hijos míos, no puedo aconsejar que hagais lo que os proponeis, porque es siempre peligroso para el alma el ir a vivir en países donde a uno no le conocen y encuentra, por lo tanto, menos reparo para abandonar las prácticas religiosas y disiparse en las costumbres, y porque, además, la Patria, si ha de restaurarse, necesita del esfuerzo de sus hijos, y si vosotros os ausentáis, pierde dos de los buenos, que han de ser sustituidos por doble número de invasores. No os puedo aconsejar; pero comprendo tenéis motivos sobrados para tomar tan grave resolución.En estas montañas hemos nacido, y nacieron nuestros padres, y nacieron nuestros abuelos y todas las generaciones de antepasados nuestros que se han sucedido desde que por vez primera fueron pobladas. ¡Ellos fueron libres y felices! Pero hoy, esclava nuestra Patria, no es tan grande esta desgracia de la esclavitud, como el ver que los mismos hijos de esta infeliz esclava sobrellevan de buen grado la deshonra y humillación de su Madre e indolentemente soportan las pesadas cadenas, más aún se congratulan y besan la mano del opresor. Y ya sólo en la tierra que pisamos conservamos algo propio de nuestra Patria, que no en el pueblo que la habita; éste ha renegado de su sangre y no quiere reconocer a los hijos de su raza, equiparándolos a los extraños y muchas veces, como hoy hemos visto, postergándolos a ellos, y demostrando predilección por los mismos miembros del pueblo que al nuestro tiene sometido y aherrojado. No me extraña, pues, hijos de mi alma, que os determinéis a dejar vuestra tierra para buscar entre otras gentes lo que en el hogar de vuestra raza se os niega por dárselo al extranjero invasor.” (115-116)