Las puertas del cielo

(Con motivo del 75 aniversario del inicio de la Guerra Civil: 18 de julio de 2011)
Hace ahora exactamente 75 años se abrieron de par en par las puertas del cielo para quien quisiera cruzarlas como vasco por primera vez en la historia milenaria de este pueblo. Con el estallido de la guerra civil española, los vascos se situaron en bandos opuestos, como repitiendo de nuevo, al cabo de tantos siglos, contiendas medievales por el honor de un rey. Solo que entonces no había pendones reales a quien seguir sino algo mucho más grave y trascendental: las puertas del cielo que iban a cruzar los que por cada bando murieran entonces, bien en el frente de San Marcial o de los Intxortas, bien en las retaguardias, tirados en la cuneta, tras el paseíllo, o bajo los cascotes, tras un bombardeo. Una puerta iba a ser la de siempre, la española, la otra era nueva, inédita, no por anunciada menos inesperada: la vasca.
La guerra civil española, con su correspondiente versión en suelo vasco, fue el mayor descalabro social y político vivido aquí en la época contemporánea y solo la aparición de ETA y su reguero de muerte, destrucción y desplazados a cuentagotas ha recordado, aunque a escala mucho menor, menos mal, lo que pudo ser otra hecatombe como aquella. El hecho es que dejó sus secuelas hasta hoy mismo, cuando todavía hay quien pide que alguien de entre los vivos actuales pida perdón por aquello. La ley de reforma política española que dio lugar a la Constitución de 1978 quiso dejar zanjado el asunto de las responsabilidades y los historiadores profesionales tienen demostrado que el País Vasco no fue especialmente castigado por las consecuencias de la guerra civil, sino que en España hubo otras zonas que padecieron mucho más cruelmente el conflicto y la posguerra: en las provincias de Burgos o Valladolid fueron asesinadas por los sublevados, en cada una de ellas, más personas que en todo el País Vasco; y si nos vamos a provincias como Zamora, Huelva o Sevilla, los miles de asesinados entonces, en cada una de ellas, superan en varias veces la cifra de todo el País Vasco.
Quienes piden que la derecha española actual, en la que obviamente no hay nadie de los que gestaron el conflicto y nos llevaron a la catástrofe, pida perdón por lo que hizo Franco suelen ser los mismos que, a cambio, no creen que se deba pedir perdón por atrocidades mucho más recientes, que aún están frescas en la memoria de los ciudadanos y de las que están vivitos y coleando sus ejecutores y colaboradores.
El nacionalismo vasco tuvo que tomar en la guerra civil la decisión más trascendental en toda su historia: luchar por la patria vasca o por la religión católica. Porque es sabido que el fundador del nacionalismo dejó escrito en Baserritarra que el movimiento impulsado por él “solo por Dios ha resonado”. Pero eso lo dijo después de dejar bien claro que España ni había sido ni podía ser católica. Y Azaña, el último intelectual-político de la historia de España, a Dios gracias, se lo corroboró al comenzar la II República, diciendo aquello de que “España ha dejado de ser católica”. Sin embargo, los requetés que invadieron Gipuzkoa en los primeros meses de la guerra al mando del coronel Beorlegui llevaban el escapulario al pecho y capellanes dispuestos a celebrar misa en cualquier momento de la ofensiva, pero la puerta del cielo que ofrecían era española y no servía para el vasco. Ramiro Pinilla nos cuenta, en el onírico y espeluznante capítulo (200 páginas) que termina con la caída de Bilbao y que cierra el segundo volumen de “Verdes valles colinas rojas”, cómo muchos gudaris se pasaban al bando requeté para salvar el pellejo en medio de la batalla. No les importaba entrar en el cielo por la puerta española. Pero a sus dirigentes sí les importaba, y de qué manera.
Fue un navarro, Irujo, junto con Ajuriaguerra y Aguirre, el que decidió que la única garantía de que hubiera puerta vasca en el cielo era el Estatuto de Autonomía. Interpretaron así, fielmente, el mensaje de Sabino: sin Patria no hay Dios para los vascos. Anacleto Ortueta, conspicuo nacionalista, alejado de la ortodoxia sabiniana para fundar ANV, que antes de estallar la guerra civil había escrito sus obras históricas reivindicando la centralidad vasca para Navarra, y que es hoy referente del paradigma navarro dentro del nacionalismo vasco, cuando vio constituirse el primer Estado vasco moderno volvió al seno del nacionalismo y desempeñó diversos cargos bajo el gobierno de Aguirre.
Y todo eso solo lo pudieron facilitar los socialistas. Ellos mandaban entonces en Madrid. Prieto era poderoso en las Cortes y allí puso en manos de Aguirre el Estatuto para lo que quedaba de País Vasco tras la invasión requeté. Sin los socialistas nada de eso hubiera sido posible: le hicieron al nacionalismo el gran favor de su historia, dejándole toda la iniciativa y facilitándoles el cumplimiento de todo su programa, aunque solo fuera por nueve meses. Pero qué nueve meses. Aguirre desplegó todo su talento y su carisma y en tiempo récord construyó el primer Estado vasco moderno de la historia. Y encima otro socialista, consejero del Gobierno vasco, Santiago Aznar, fue el que convirtió la ikurriña, hasta entonces bandera particular del nacionalismo, en bandera oficial de Euskadi.
Navarra, que por historia podía haber sido el aglutinante del Estado vasco moderno, abriendo así las puertas del cielo por primera vez a los vascos, se quedó sin esa gloria, quizás para siempre. Tuvieron la Asociación Euskara, tuvieron a Campión, tuvieron un movimiento cultural que rescató todos los hitos históricos vascos, fomentaron el euskera antes que nadie. Pero, para su desgracia, en su territorio jamás habría surgido un movimiento nacional como el bizkaitarra: le faltaron los maketos.

MATRIOSKAS A LA VASCA

Las metáforas son esenciales para construir el relato de la historia. La de la línea del tiempo nos encanta porque nos lleva en volandas a través de los siglos. La de las muñecas rusas, en cambio, responde a una razón más estructural y estática: el llamado “problema vasco” es parte consustancial del “problema de España”; y es inútil pretender solucionarlo escogiendo una sola de las muñecas y dejando el resto: las matrioskas van siempre juntas, unas dentro de otras.
La primera matrioska, o la última, según se mire, es la “izquierda abertzale”. Todos sus gestos desde que está de vuelta en el poder, empezando por la camiseta de Amaiur que lució Garitano, curioso anticipo del nombre de la coalición electoral a las generales del 20-N, y pasando por la espantada en la visita de los Príncipes a Donostia, responden a las premisas del nacionalismo fundacional. El nacionalismo radical actual es la viva imagen del nacionalismo vasco en su versión primigenia: basta quitar a Jaungoikua y poner en su lugar el mítico igualitarismo primitivo vasco, transformado en socialismo revolucionario, ya desfasado desde la caída del muro de Berlín. También el primer nacionalismo condenó la conquista de Navarra por Fernando el Católico, por aquello de las bulas falsas. Y para entender lo de la visita de los Príncipes, no hay más que leer el artículo “La invasión maketa de Gipuzkoa”, que fue la puntilla para cerrar definitivamente la primera publicación nacionalista, Bizkaitarra. En aquel artículo se tachaba de invasores tanto a la familia real como al último de los veraneantes que por entonces, estamos en 1895, venían de vacaciones a las playas que hay entre Deba y Hondarribia. Todos en el nacionalismo radical sienten veneración por la figura del primer Sabino Arana, el de la pureza identitaria, el del rechazo visceral a España. Pero el prócer nació en Abando, qué le vamos a hacer. Pamplona-Iruña reunía todos los requisitos para haber sido capital de Euskal Herria, pero la gloria nacionalista se la llevó Bilbao. La izquierda abertzale se quiere llamar Amaiur ahora, en un festival de etiquetas políticas que parece no tener fin, y con ello quieren perseverar en la vieja senda del nabarrismo abertzale. Anacleto de Ortueta fue el que empezó todo eso, buscando las esencias históricas nacionalistas en Navarra, desmarcándose del PNV para fundar la original ANV. Pero Ortueta, como todos los vascos de entonces, fueran o no nacionalistas, no pudo resistirse al carisma de José Antonio Aguirre y cuando éste le llamó para arrimar el hombro en el primer Gobierno Vasco de la historia, el de la Bizkaia sitiada, Ortueta lo dejó todo y se vino a defender la casa del padre.
La segunda matrioska es el nacionalismo originario, que ahora quiere cambiar su nombre en español, no sabemos muy bien por qué. Un nacionalismo que lo único que demuestra, con la que está cayendo, al declarar que “España es un lastre” para el País Vasco, es antieuropeísmo; y que se mantiene electoralmente competitivo gracias a individualidades egregias como la del Alcalde de Bilbao, a quien no se le caen los anillos jeltzales por besar la mano de la Reina Sofía. La ideología que de verdad caracteriza al nacionalismo moderado actual no es la del primer Sabino Arana sino la del segundo, a partir de su alianza de intereses con D. Ramón de la Sota y Llano en 1898. Sota y sus seguidores, llamados “fenicios” por los sabinianos, fueron los que organizaron el nacionalismo en las instituciones, igual que lo tenemos hoy. De ahí las dos almas, el péndulo, en la feliz fórmula que explica sus éxitos, y por la que el PNV ha estado mucho más tiempo en el poder con la oscilación de Sota (autonomista) que con la de Arana (esencialista). De lo que jamás hará dejación este partido es de la memoria de su fundador. ¡Qué más quisieran los de Amaiur, cuyo punto central y casi único en su programa es el independentismo! Y es que no ha habido ni habrá independentista vasco más cualificado que Sabino Arana: él registró la patente y la guarda consigo bajo la lápida de Sukarrieta.
Y llegamos a la última matrioska, o primera, según se mire: la propia España. Un país donde la identidad vasca tuvo siempre un papel privilegiado. Donde los vascos gozaron de un nicho ideal en las estructuras del Estado, reconocidos todos como hidalgos, y donde incluso se pensaba que los primeros habitantes de la Península, los íberos, por los restos del idioma que utilizaban, eran un trasunto de sus coetáneos euskaldunes extendidos por toda la piel de toro. La teoría del vasco-iberismo, que sustentaba este principio, estuvo en vigor durante todo el siglo XIX. Vicente de Arana, primo del fundador, cuando publica su leyenda “Los últimos íberos” en 1882, a quienes se refiere, con ese título, es justamente a los propios vascos. Hoy sabemos que Sabino Arana gestó su nación vasca en Barcelona, donde estuvo de 1883 a 1888, entre jesuitas y lecturas de propaganda católica, con “El liberalismo es pecado” de Félix Sardá entre sus favoritas. El nacionalismo vasco procede directamente del integrismo español. El integrismo focalizaba su inquina en los “mestizos”: así motejaba a la inmensa mayoría de los católicos españoles, porque aceptaron vivir en un Estado liberal, empobrecido y aislado internacionalmente por las guerras carlistas que lo asolaron. Lo que ocurrió a partir de ahí, cuando Sabino Arana volvió de Barcelona a Bilbao en 1888, se deduce fácilmente, si tenemos en cuenta el boom minero e industrial que transmutaba entonces la margen izquierda de la Ría, atrayendo a una cantidad ingente de “mestizos” de Allendelebro.
Y ya con las tres matrioskas encima de la mesa, sacadas una de la otra, ¿cabe un relato del País Vasco, de Euskadi o de Euskal Herria que nos escamotee alguna de ellas? Algunos piensan que sí: puro voluntarismo.

USURPADORES DEL MAKETISMO

Pululan por la red últimamente engendros de blogs que intentan engañar al personal denominándose a sí mismos MAKETOS.

MAKETO POWER es el primero en la lista, por el tiempo que lleva quiero decir. El que lo dirige se hace llamar Popota y se lleva fantásticamente bien con los charnegos nacionalistas que están en la banda más nacionalista e independentista de Esquerra Republicana de Catalunya, imagínense lo que tiene de Maketo. Debió poner este nombre a su blog por imitar a otro que hubo por Cataluña llamado Charnego Power, pero nos tememos que también en este caso llamarse Charnego no tiene nada que ver con lo que los nacionalistas catalanes llamaban así.

MAKETO BLOG debe hacerse por el País Vasco, a tenor de la temática y de lo que el que lo lleva ha escrito hasta ahora. El sujeto que lo promueve se empeña en llamarse a sí mismo maketo (y creemos que lo es) pero no tiene para nada claro que lo quiera ser. Su política es atacar al Lehendakari socialista y a cualquier alternativa política al nacionalismo que pueda surgir y crecer en el País Vasco.

Ah, y no admiten intervenciones que descubran la superchería.

Lo único positivo es que promueven el término MAKETO y que la historia del término está ahí para descubrir la verdad. Como dice el blog de Anasagasti, la verdad es una, la diga él o el no sé qué porquero de quién.

ACABA DE SALIR A LIBRERÍAS


En este ensayo hago un repaso de las obras de Raúl Guerra Garrido referidas a tema vasco, que forman, a mi juicio, la columna vertebral de su producción novelística e indago en la posibilidad de construir una identidad alternativa a la nacionalista en el propio País Vasco, conformada justamente por el grueso de la inmigración histórica llegada a esta tierra desde otras partes de España desde finales del XIX a finales del XX.

UN MAQUETO PINTADO POR SÍ MISMO

"En el Heraldo de Madrid correspondiente al 23 de Septiembre último, aparece con el título de El espíritu de Vizcaya un artículo firmado por Un maqueto.
Este buen señor, aunque así no se hubiera firmado, denuncia su procedencia por la táctica que emplea en su escrito: es la misma de siempre, idéntica a la de todos sus congéneres; halagar en apariencia a los naturales del pueblo en que viven hasta conseguir sus propósitos, y después tratar de colocarse, en las distintas esferas, sobre el nivel de los que antes han halagado.
Conducta es esta que debe inspirar sumo cuidado, y de la que jamás debemos vivir desprevenidos, si no queremos que nos reduzcan a la nada en brevísimo plazo.
Véase ahora cómo se expresa el maqueto del Heraldo:

Haciéndose cargo de los que atizan el fuego de la discordia propalando odios de raza y de casta sin más razón que la de pensar, según el articulista, que las ideas de unos pocos, locos de atar, son las ideas de la generalidad de los vizcainos, dice:
"Esto no es cierto, como no lo es tampoco, a creer lo que algunos dicen, que a los maquetos nos tengan metidos en un puño los vizcaínos. En primer lugar, somos los más y ellos los menos; pero por si esta razón no fuera suficiente, lo sería la consideración de que ellos, los vizcaínos, en su inmensa mayoría, no tienen tan desequilibrado su espíritu, que vayan a pensar que por estar en su pueblo han de cerrar a piedra y lodo sus fronteras para no permitir intrusiones de ninguna clase, o arrojar a escobazos y perseguir como a perro con maza a todos los castellanos que estamos dentro de ellos."
En este párrafo se nos presenta el maqueto, en primer lugar, amenazador, diciéndonos que son los más, dando a entender que seguramente vencerían a los menos. No sabemos quién es este señor, pero si para muestra basta tan sólo un botón, nos atrevemos a asegurar que ya disfruta de desahogada posición social, pues siempre se le advierte esta fase cuando ha conseguido realizar alguna parte importante de sus aspiraciones. Arrepentido más tarde d eesa amenaza quiere disimularla, y exagerando maliciosamente la nota antimaqueta de algunos, apela a la buena organización cerebral de la mayoría de los vizcainos. Procedimiento es este de los más gastado, pero que en su fina urdimbre se enredan algunos incautos, por cuyo motivo nos creemos obligados a llamarles la atención.
Sigamos leyendo:

"Quien tal dice desconoce a los vizcaínos y no sabe lo que pasa en Vizcaya. Cierto que aquí los naturales son amantes de su suelo, de sus usos, de sus costumbres, de sus tradiciones, de sus antiguas leyes y de cuanto adquirió desde el nacer, carta de naturaleza en Vizcaya; y que este amor, digno de todo respeto y veneración, lo tienen arraigadísimo en su corazón; pero de esto a la separación de castas, al odio al feroz invasor y a las persecuciones interminables, hay una diferencia inmensa que ningún vizcaíno, estoy de ello cierto, se atreve a salvar.

Verdad también que los vizcaínos, y esto es perfectamente natural y lógico, están bien unidos, se protegen y amparan mutuamente y en todas ocasiones procuran conseguir el bien de los suyos; pero de esto a distanciar al maqueto, sin consideración a sus merecimientos, a sus trabajos y a sus virtudes sociales, apartándole violentamente cuando pretende escalar el puesto que ambiciona, hay una respetable distancia."


El articulista ha variado de táctica; aquí se nos presenta como un maqueto en su primera etapa, esto es, sin engreírse; por el contrario, ensalzando a los vizcaínos y ponderando sus costumbres, para terminar arrimando la ascua a su sardina por si cae algún incauto en la tentación de terminarla de asar, y esto se llama maliciosa cucología, la que nunca debemos olvidar.
Mas tarde añade, ocupándose de la inmigración castellana:

"Y esta inmigración no se compone sólo de braceros. Hemos venido aquí todos, porque, y esto honra a Vizcaya, este es el rinconcito mejor de España. Y al venir todos, y de todo, en todas las esferas de la actividad humana se nota el fenómeno de la terrible competencia social y hay que ofrecer mucho y darlo para obtener una recompensa, las más de las veces, desproporcionada al esfuerzo realizado. Además de esto, la vida es aquí más cara que en ninguna otra parte, y esta circunstancia acrece las dificultades."


En este párrafo, después de una dedada de miel, se nos presenta el maqueto quejoso del premio a su trabajo: lo encuentra mezquino, y por consiguiente se muestra ingrato con quien él ha solicitado protección, y termina mostrando descontento por la carestía de la vida de un pueblo en el que reside por su libérrima voluntad, y que por lo tanto puede, cuando le plazca, trasladar su residencia a lugar de mejores condiciones. La eterna cantinela del castellano que resulta inocente e inofensiva, pero aburrida por su repetición.
Prosigamos la lectura.

"Por lo demás, el maqueto se abre aquí camino como en otra parte. Los vizcaínos, y hablo de la inmensa mayoría que tienen juicio cabal, son retraídos, se resisten, y es natural, a dejarse conquistar; pero al fin son conquistados por quien tiene méritos suficientes y habilidad para rendir sus posiciones, y se entregan a discreción si se les da en cambio cantidad bastante de bagaje científico y social que facilite la transacción. Buena prueba de lo que digo es que muchos maquetos viven aquí muy contentos y reconocidos porque se les ha hecho merecida justicia, sin pensar en antagonismos regionalistas que no existen sino en la mente de unos cuentos degenerados."


En estas líneas el maqueto ha perdido los estribos, abrogándose la exclusiva posesión de la ciencia y la sociabilidad; se considera dispensador de favores, maestro y educador de los vizcaínos, pretensión absurda y que redundad en desprestigio de los naturales de este país que por su ciencia y cultura están por lo menos a nivel, si no por encima, de la casi totalidad de las provincias españolas. Contentos vivirán en Vizcaya los maquetos que así piensan, pero los vizcaínos nada tienen que agradecerles: hubiera valido más no se hubieran acordado de venir a visitarles, y si una de las manifestaciones de la ciencia y de la cultura es la humildad, medrados resultan la de los que así piensan. Está visto: el maqueto no tiene enmienda. No acertamos a comprender, con estas condiciones, cómo se abre camino; no es posible se presente tal cual es.
Y terminemos copiando.
"Que Arana salió diputado provincial; ¿y qué? Si Arana al final no hubiera recogido velas apartándose cuanto pudo de las ideas sostenidas en aquel papelucho que se llamó El Bizkaitarra, es casi seguro que no hubiera obtenido los sufragios de cien electores; pero acertó a decir que del dicho al hecho hay un buen trecho, refiriéndose a las ideas bizkaitarristas por él sustentadas, y se agarró tan bien a las frondosas ramas del árbol santo de Guernica, que no es milagro arrastrase a la gran masa fuerista, cuyos sufragios consiguió como mantenedor de las leyes tradicionales de Vizcaya."
¿De dónde ha sacado nuestro maqueto estas afirmaciones?
Que nosotros sepamos, en ninguna parte se hallan consignadas. Y eso de agarrarse bien a las frondosas ramas del árbol de Guernica, podemos decir que como el señor Arana jamás se ha desasido de ese hermoso símbolo de la libertad vizcaína, no tuvo necesidad de agarrarse a ninguna parte para conseguir el triunfo que parece ha molestado algún tanto al comunicante del Heraldo. "
En Euskalduna, nº 110, 2-10-1898

LAS PRUEBAS


"Diferentes veces nos hemos ocupado de las proporciones que en estos últimos años ha alcanzado en nuestro país la inmigración de elementos completamente extraños y hasta opuestos a nuestra raza y peculiar manera de ser. Tal vez lo que respecto de este particular tenemos manifestado se haya calificado por algunos de exageraciones de fanático o de pesimismos de desesperado, pero ni nuestras amarguras llegan hasta el extremo de hacernos perder toda esperanza, ni nuestro entusiasmo por la idea que defendemos llega a oscurecernos la razón. Y para que se vea la verdad de lo que decimos y de lo que antes de ahora tenemos expresado, vamos a poner de manifiesto la prueba más palpable y que menos puede dejar lugar a dudas. Contra los datos estadísticos, contra la prueba de los hechos, todo argumento cae por su base. ¿Y qué nos dicen esos datos? Por capricho se nos ocurrió leer el otro día en un diario local la relación de los matrimonios habidos en nuestra villa el día 18 del corriente mes. Once matrimonios se verificaron en dicho día. He aquí los apellidos de los contrayentes: Penen, Fallo, Sagasti, González, Lara, Mazón, Alzola, Urúburu, Pérez, López, Iturbe, Martiles, Andrés, Ducal, Fernández, González, Martínez, Rodríguez, Robredo, Bareño, López y Martínez. De veintidós, solamente cinco apellidos vascongados; los demás de la otra banda. ¿Hay prueba más concluyente que ésta de que en nuestra villa la inmigración de elementos extraños ha llegado a grado tal que ya no cabe dudar siquiera de que los de casa somos los menos y los de fuera los más? ¿Cabe dudar ni por un momento siquiera, después de esto, de la razón que nos asiste al estar un día y otro lamentándonos de las proporciones exageradas que esa inmigración ha tomado?

Pero aún hay más. Pudiera acaso decirse que la casualidad ha hecho que se casaran en un mismo día más gentes de apellido erdérico que de euskérico. Pudiera ser. Pero también es casualidad que al ocurrírsenos dos días después leer la lista de fallecidos nos encontráramos con los apellidos siguientes: Larrea, Pérez, González, García, Mañas, Polanco, Miguel, Gorostegui y Martínez. Y ante esto ya no hay casualidad posible. Hubieran sido muchas casualidades. Esta lista de fallecidos guarda relación íntima con la de matrimonios. Una y otra se completan para demostrarnos de una manera terminante, incontrovertible e indubitable, que ya aquí, en Bilbao, la raza euskalduna está en minoría, y el castellano o como quiera llamársele, en gran mayoría. Con razón se califica a sí mismo un amigo nuestro de extranjero en su tierra.

¿Qué falta después de esto? Muy poco. Hay un refrán que dice así: De fuera vendrá quien de casa te echará. Todavía no hay llegado a esto, pero camino de ello parece que van. Si no nos echan, como al fin y al cabo se están quedando con todos los destinos, cargos, oficios, profesiones, etc., etc., se dará el caso, más tarde o más temprano, de que las necesidades y el hambre nos obligarán, a los que hemos nacido en esta hasta los tuétanos maketizada villa de Bilbao, a emigrar de ella marchándonos a Alaska en busca de oro, o a colonizar las extensas llanuras de la Mancha.

Que allá, allá se andarán."

Euskalduna, Bilbao, nº 86, 24 de abril de 1898

"DE FUERA VENDRÁ..."

Comedia en tres actos de Sabino Arana Goiri, fechada entre 1897-1898 por José Luis de la Granja, que la rescató de las catacumbas archivísticas de Salamanca, tal como él mismo nos lo relata en el prólogo donde presenta, anota y estudia esta obra:
Sabino Arana Goiri: “De fuera vendrá...”, San Sebastián, Haranburu, 1982:

“En junio de 1980 el autor de estas líneas se hallaba investigando sobre el nacionalismo vasco en la II República en el Archivo Histórico Nacional – Sección Guerra Civil, existente en Salamanca, y encontró allí, entre su rica y abundante colección de folletos, dos textos –uno político y otro literario- de Sabino de Arana Goiri no incluidos en sus Obras Completas (Sabiandar-Batza, Bayona-Buenos Aires, 1965).
El primero de ellos se titula Textos políticos. Consejo Regional Vasco... (...) El segundo texto es la comedia De fuera vendrá... (que sigue sin figurar en las O.C. [el autor se refiere, obviamente, a la nueva edición de las mismas de la editorial Sendoa, de Donostia, de 1980, en tres volúmenes]), cuya edición anotada y su estudio histórico-crítico constituyen el objeto central de este libro. (De este folleto, a más del ejemplar guardado en el Archivo de Salamanca, he localizado otro –al que le falta la portada- en la Sección Vascongada de la Biblioteca Provincial de la Diputación de Vizcaya y un tercero en la Institución Sancho el Sabio de Vitoria. También Jon Bilbao posee uno en su biblioteca de Guecho).” (21-22)

La autoría de esta obra por parte de Sabino Arana queda, en el estudio de José Luis de la Granja, fuera de toda duda, como luego lo han corroborado el resto de especialistas, empezando por Javier Corcuera, autor del prólogo de esta edición.

En esta comedia de Sabino Arana Goiri aparece el término MAKETO o similares en las siguientes ocasiones:

DON CÁNDIDO: (...) “Pero que nos vengan diciendo que si las razas son distintas... que si este país ha sido siempre independiente... que si hay motivos serios de religión y moral, porque los maketos (¡ésta es su culta terminología!) nos traen el descreimiento y la corrupción de costumbres... que si no somos españoles ni lo hemos sido nunca, y constituimos por natural derecho nacionalidad aparte... Que estas cosas nos digan a nosotros, que hemos conocido los Fueros y sabemos lo que son...” (66-67) (puntos suspensivos del original y así en los restantes que siguen salvo los que van entre paréntesis)

IGNACIO: “Pero, si he de hablarte ingenuamente, no la comprendo. ¿Qué te importa a ti que ese tío maketazo acompañe a mi hermana, si no se la ha de llevar?” (75)

JUAN: “Bueno; ahora suponte el otro caso: que Anita prefiera al maketo, aún alcanzando yo ese empleo.” (76)

JUAN: “¡Hum! Esto no me hace mucha gracia... En las cartas últimas le llamaba el maketo... ahora ya le llama don Filomeno... y dice que es muy fino... y entra en su casa... y ha estado ya dos veces convidado...” (80)

JUAN: “Sí... la plaza no creo que me la llevará ninguno de esos sete maketos, por más de que uno de ellos dice que ha estado empleado en la Diputación de Murcia.” (86)

JUAN: “(Aparte) Este me servirá. Antes le enviaba por el correo o le daba yo personalmente las cartas. Pero por el correo no me atrevo desde que me sorprendió su padre; y personalmente no puedo, porque no encuentro ocasión hace tiempo. De su hermano nunca he querido valerme porquen o me parece bien. Así es que tengo que echar mano de uno de estos maketos, porque los vascos no valen para estos oficios.” 95

IGNACIO: (...) “Mas ¿será posible que un español entre en mi familia? ¿Será posible que mi única hermana venga a ser mujer de un maketo? (...) Pero ¿cómo? ¿Estoy viendo visiones? ¿Qué es esto? Tú también aquí... tú también a arrebatar el pan que pertenece a mi amigo... ¿no eran bastantes los siete españoles que en un principio se presentaron y has venido tú a última hora... y tú... tú, miserable maketo..., tú precisamente?” (111)

Total, siete apariciones del término “maketo” y una de “maketazo".
* * *

Además aparecen otras alusiones despectivas del mismo estilo, sin utilizar el término maketo, en los siguientes casos:

IGNACIO: (...) “¿Cómo quieres que ahora te sustituya por otro, y más siendo el nuevo un español de típica cepa, ella, que siempre se ha mostrado tan nacionalista como nosotros?” (77)

JUAN: “Aquella bandera española que, al sentir el torpe beso del Eolo de su patria, se agita voluptuosamente, y ya se despliega y eleva sobre el asta de popa que la suspende para recordarme su dominación en esta tierra nuestra, ya se repliega con sarcástico gesto de famélica arpía... ¡se está burlando de mí! Y este mismo viento español que parece salido de los infiernos... si muge con salvaje complacencia al precipitarse por las angostas calles pobladas de latinos, y desgaja y derriba con jactanciosa facilidad las ramas de nuestros viejos robles, y silba frenéticamente al chocar en los hilos eléctricos que se cruzan y entretejen sobre los lujosos hogares de la rica villa... ¡es porque se está burlando de mí!...” (79-80)

IGNACIO: “Muy sencillo: Ana le habrá hecho algún nuevo desaire, y el señor Cordero, burgalés, no habrá tenido ya alma para aguantarlo.”
JUAN: “Mucho me extraña eso en un español.” (86)

CORDERO: (...) “Se conoce que el bárbaro ese de la boina la había hecho tilín. ¡Ca! Si me hacía hasta desprecios... Pero hay que tener aguante para todo, aguante de español y parla, fina parla castellana. Y luego... este gracejo que tenemos para hablar los que hemos estado en Andalucía...” (89)

CORDERO: (...) “...subí al segundo piso, donde vive la familia leonesa amiga mía, y recogí la carta dirigida por el boinaza a mi amada y la peseta que la acompañaba, diciendo que la carta era mía y que había sido entregada allí equivocadametne y que la peseta era para la criada del primero, y si luego le refiero cómo me guardé la peseta y me serví de la misma carta del boinaza, para pisarle como a un sapo, borrando de ella lo que me pareció oportuno... ¡ca! No puede ser, porque este don Inocencio es un beato, y yo desmerecería acaso en su concepto, por más de que la cosa sea la más sencilla y natural del mundo y de la clase de ardides que en mi tierra se emplean corrientemente en semejantes casos.” (104-105)

CORDERO: (...) “Pero según luego me refirió el mozo, parece que el de la boina le salió al encuentro en la misma puerta de casa de Anita, y habiéndole preguntado a dónde iba, qué llevaba y quién era el remitente, y sabido todo por ese estúpido gallego, le convenció a éste de que era íntimo amigo mío... (...) Dicho y hecho: el animal del gallego se lo cree todo y arrollando la carta...” (107) (puntos suspensivos míos)

IGNACIO: (...) “... pero ¡tanto venir a cualquier hora ese español a casa...” (110) (puntos suspensivos finales míos)

JUAN: (...) “Desde que ese victorioso español apareció por tu casa, dos cartas he escrito a tu hermana y no he obtenido contestación...” (113) (puntos suspensivos míos)

IGNACIO: (...) “Don Crisóstomo: en usted vemos nosotros no sólo un digno ministro del Señor, un ejemplar sacerdote bizkaino, sino un verdadero amigo nuestro, un padre de nuestras almas, y estamos obligados a revelarle a usted el firme propósito que tenemos de marcharnos lejos de esta Patria nuestra, más vilipendiada por sus mismos hijos que por los extraños...” (115) (puntos original)

DON CRISÓSTOMO: “Mirad hijos míos, no puedo aconsejar que hagais lo que os proponeis, porque es siempre peligroso para el alma el ir a vivir en países donde a uno no le conocen y encuentra, por lo tanto, menos reparo para abandonar las prácticas religiosas y disiparse en las costumbres, y porque, además, la Patria, si ha de restaurarse, necesita del esfuerzo de sus hijos, y si vosotros os ausentáis, pierde dos de los buenos, que han de ser sustituidos por doble número de invasores. No os puedo aconsejar; pero comprendo tenéis motivos sobrados para tomar tan grave resolución.En estas montañas hemos nacido, y nacieron nuestros padres, y nacieron nuestros abuelos y todas las generaciones de antepasados nuestros que se han sucedido desde que por vez primera fueron pobladas. ¡Ellos fueron libres y felices! Pero hoy, esclava nuestra Patria, no es tan grande esta desgracia de la esclavitud, como el ver que los mismos hijos de esta infeliz esclava sobrellevan de buen grado la deshonra y humillación de su Madre e indolentemente soportan las pesadas cadenas, más aún se congratulan y besan la mano del opresor. Y ya sólo en la tierra que pisamos conservamos algo propio de nuestra Patria, que no en el pueblo que la habita; éste ha renegado de su sangre y no quiere reconocer a los hijos de su raza, equiparándolos a los extraños y muchas veces, como hoy hemos visto, postergándolos a ellos, y demostrando predilección por los mismos miembros del pueblo que al nuestro tiene sometido y aherrojado. No me extraña, pues, hijos de mi alma, que os determinéis a dejar vuestra tierra para buscar entre otras gentes lo que en el hogar de vuestra raza se os niega por dárselo al extranjero invasor.” (115-116)

"EL GARGANTÚA MAQUETO"

"El asunto más importante, si hemos de creer a un diario local, de los tratados en la última sesión celebrada por el Ayuntamiento de nuestra villa, fue el referente a la adquisición de un Gargantúa.
Asunto en el que, según reseña de la prensa de la localidad, hicieron un derroche de elocuencia el concejal in extremis señor Rasines y el concejal republicano de R.O. señor Pinillos.
Este último, no contento con haber resucitado los gigantes durante su anterior legislatura, aprovechando la concejalía que le regaló don Tirifilo, ha propuesto se encargue un Gargantúa, acordándolo así por mayoría el Ayuntamiento.
No sin que se opusieran algunos señores ediles, entre ellos el citado señor Rasines, el cual abogó con tanto calor porque no se hicieran caso a las chirenadas de Pinillos, que éste, quemándosele el papelón, dijo que en Bilbao hay muchos gargantúas.
Y el señor Rasines tan fresco, sin pedir una manga de riego ni siquiera un mal jarro de agua.
Quiere decirse, pues, que tendremos Gargantúa.
Con lo cual ya pueden alegrarse los chiquillos y también algunos grandes, como el señor Pinillos dijo.
Ahora lo que preocupa hondamente al padre de la criatura ¡de tamaño!, de tal suerte y manera que le quita el sueño y el apetito, es el carácter que ha de tener el personaje en cuestión. Qué va a ser, egipcio, turco, ruso o alemán.
Alguien ha dicho que era cosa resuelta el que representara un aldeano del país.
Este servidor de ustedes, respetando siempre las opiniones de los demás, entiende que el Gargantúa ese debe ser la representación genuina, exacta y perfecta del maqueto.
Vístasele con una gorra de pelo, de esas que usan por allá, en tierra de Burgos o de Soria, y una capa de paño raído, grande y llena de remiendos, y póngasele sobre las espaldas un par de alforjas. Así, y sólo así, debe de ser el Gargantúa.
¿Por qué?
Pues sencillamente porque para gargantúas ahí están ellos, los maquetos, dispuestos siempre a tragarse todos los empleos, cargos, oficios y canongías de Vizcaya.
Como una plaga se nos han echado encima y han tragado todo lo que había por tragar.
Desde la merlucita frita hasta el mejor destino del pueblo.
¿No les parece a ustedes que tengo muchísima razón?
Pues bien, si el Gargantúa ese ha de representar algo que sea verdad, de lo cual estemos convencidos todos los vecinos, y ha de simbolizar al propio tiempo algo que tengamos por acá de notable, necesaria e irremisiblemente ha de estar vestido de maqueto.
Hacerlo de aldeano del país es no estar en la realidad.
Nuestros aldeanos no tienen tan buenas tragaderas.
Y aunque las tuvieran no hay de qué, por aquello que decimos antes.
En todo caso, si se quiere que ellos sean los tragados, menos mal.
Eso es, al fin y al cabo, lo que está sucediendo en el país.
Con que así, a no engañar a las gentes.
Hágase cuanto antes el Gargantúa ese, en la forma que proponemos, y se verá qué buen resultado dá.
Sobre todo si se va buscando que sea capaz de tragarse todo lo que se le ponga por delante.”

En Euskalduna, nº 41, 20 de junio de 1897, por Antón de Munitibar

¡VIVA LA MAKETERÍA DE ELGOIBAR!

"Tal es el grito que proferimos al conocer lo acaecido en la linda villa guipuzcoana con motivo del nombramiento de un veterinario municipal. Vacante dicha plaza por renuncia voluntaria del que la desempeñaba, anunció el Ayuntamiento concurso de aspirantes, exigiéndose, entre otras condiciones, la de que el agraciado habría de conocer el idioma vasco, y estableciéndose la cláusula de que en igualdad de circunstancias serían preferidos los de este país.
Así las cosas, fueron presentadas dos instancias en solicitud de la plaza: una del que ejerce igual cargo en Zarauz y otra del veterinario de Deva. El primero, vasco; el segundo, castellano; el primero, que habla el vascuence; el segundo, que no lo sabe; éste con su práctica profesional, el primero con la suya.
Indudable parecía, por tanto, que el nombramiento recayera en nuestro compatriota el veterinario de Zarauz, pues, aparte de que sus méritos y servicios no desmerecen al lado de los que el otro solicitante pueda alegar, reunía la condición, impuesta como indispensable, de saber vascuence. O sea, hablando más claro: entre los dos aspirantes, el vasco llenaba cumplidamente todos los requisitos exigidos, mientras que al castellano faltábanle, por lo menos, uno de ellos, y no por cierto de escasa importancia, por lo cual debió desecharse su pretensión, no admitiéndose la instancia que presentó.
Mas en Elgoibar, a lo que se ve, las gastan muy pesadas, porque es el caso que reunido el Ayuntamiento acordó unánimemente conferir el cargo de veterinario municipal al solicitante castellano, al que estaba fuera de concurso.
Comentarios... ¿y para qué hemos de hacerlos, lectores? Es tan triste todo esto y nos causa tanta vergüenza tener que registrar ciertos hechos, que en ocasiones preferiríamos que todo se lo llevara la trampa antes de consentir que nuestro pueblo se halle a merced de los caprichos y ambiciones de unos cuantos caballeros particulares que buscan su propio medro causando la desgracia de los demás.
Comentarios... ¿y qué habíamos de decir que no hayamos dicho en mil ocasiones? ¿Que éste es un país que se va? No tal; tengamos fe en sus destinos y trabajemos afanosos en la obra de su reconstitución. Esas disposiciones desatinadas, esos acuerdos que nos hieren, sean otros tantos acicates que estimulen nuestras energías, forzándonos a no cejar en nuestro empeño y a desear que luzca muy pronto en Euskeria el sol de la verdadera libertad.
Y ahora dos palabras al señor alcalde de Elgoibar.
En el momento en que el Ayuntamiento de su presidencia adoptó el acuerdo de nombrar veterinario municipal al castellano señor Chacón y Delgado, un caballero que asistió a la sesión ocupando un puesto en el lugar destinado al público, no pudiendo reprimir sus entusiasmos de patriota, dijo lo que sigue: Apruebo, señores, y viva la maketería de Elgoibar.
Esto que nada tenía de particular, atendido el hecho que motivó tan sencillo desahogo, y el modo de celebrar las sesiones del Ayuntamiento en los pueblos de corto vecindario, fue motivo suficiente para que el señor alcalde detuviera por sí a aquel señor y por su mano le encerrara en la prevención de donde le mandó salir al cabo de algún tiempo, poniéndole en libertad previa solicitud de perdón que le fue impuesta.
Y mire el señor alcalde, su determinación fue bien o mal fundada. En el primer caso no debió haber dado la orden de libertad, ni mucho menos hacer al interesado que demandara perdón. ¿Hubo delito, hubo falta? Pues tribunales hay encargados de declararlo o imponer penas a quienes las merecieren. ¿Que no existía materia penable? En ese caso el arresto era improcedente.
Y por lo que hace a lo del perdón, vamos, que es risible el nuevo procedimiento puesto en práctica por el señor alcalde de Elgoibar. Y a fe que no lo echaremos en saco roto.
Con que viva la maketeria de Elgoibar.
Dicho sea con la licencia del señor alcalde."
En Euskalduna, nº 287, 24 de mayo de 1903

SOCIALISMO Y LOCALISMO

"Llego a cumplir mi ofrenda anual para con La Lucha de Clases, ese semanario en que adiestré mi pluma, en que afilé mi arma antes de esgrimirla en otros campos. Y al llegar esta visita de cada año a este mi viejo rincón, tan lleno de recuerdos, no puede ocurrírseme sino hablar en él de algo que se refiera a ese mi rincón natal, a ese mi Bilbao donde este semanario se publica.
Movimiento internacional, movimiento mundial es el Socialismo, pero en cada nación, en cada comarca, en cada pueblo, tiene que tomar un cierto tono y preocuparse de las cuestiones especiales que a aquella nación, a aquella comarca o a aquel pueblo agitan e interesan. Otra cosa no sería sino cernerse en abstracciones vanas, hacer álgebra en vez de hacer aritmética social. En la vida hay que sumar con números y no con letras. Demasiado se ha cernido el Socialismo en problemas abstrusos y demasiado ha sufrido las consecuencias del espíritu sobradamente metafísico del robusto pensador que le dió su fórmula más comprensiva.
Y ahí, en Bilbao, se presenta un problema, y es el del llamado nacionalismo o bizkaitarrismo, que estaría mejor llamar bilbainismo, y frente a él y respecto a él es menester que los socialistas, además de adoptar la franca posición que han adoptado, adopten otra de estudio. Con sólo observar que ese llamado nacionalismo surte sus filas principal y casi exclusivamente con hijos de la clase media, se ve bien no poco de sus tendencias, pero es preciso mirar más de cerca y ver si hay en ellas algo de aprovechable.
El llamado nacionalismo bizkaitarra implica una protesta contra un estado de cosas existentes y, sea cual fuere el remedio que quiere dar al mal de que se queja, es un deber del socialismo vizcaino el de estudiar el fondo de esa protesta. Porque podría muy bien suceder que hubiese no pocos que mientras creen protestar de una cosa, protestasen en realidad de otra muy distinta.
El Socialismo y el bizkaitarrismo han seguido en Bilbao una marcha paralela, aunque oponiéndose, pero es menester no perder de vista que una de las más hondas colaboraciones entre las ideas es la colaboración por oposición.
El llamado nacionalismo vasco no sabe lo que quiere. Es un movimiento sentimental, a las veces pasional, pero no es algo que puede formularse en programa político, y menos en progrmaa social. Todas las formulaciones que de él se han dado hacen reír de puro candorosas y no pueden satisfacer sino a espíritus infantiles, rebostantes de inocencia mental, que se contentan con cuatro vagos lugares comunes y una historia fantástica. Lo de volver al régimen del año tal o cual es una ocurrencia tan soberanamente pueril que resulta extraordinariamente amena. En cambio, lleva ese movimiento pasional consigo cierta poesía, cierto ímpetu, cierto misterio de que, hay que confesarlo, no abunda el Socialismo.
Y, ¿no cabría traducir el Socialismo al espíritu vasco? No quiero decir al vascuence, nada de eso, sino al espíritu vasco. A la mejor y mayor expansión del Socialismo en Vasconia le ha perjudicado el que los más de sus primeros apóstoles y propagandistas ni eran del país ni conocían el espíritu de éste. Y no hay modo de hacer fructificar una doctrina, por universal que sea, sino sólo injertándola en sentimientos locales.
Y basta. El que quiera entender, que entienda."
Miguel de Unamuno, en La Lucha de Clases, nº 597, 24-IV-1906
La cuestión principal, a mi entender, en este artículo, está en dirimir qué quiere decir Unamuno con "espíritu vasco". Porque, como se ve, descarta de ello al vascuence: "nada de eso". Por lo tanto, ¿de qué nos habla aquí el autor?
Y por lo que respecta a la ausencia de gentes del país en el socialismo, es cierto que en la primerísima hora del socialismo vizcaíno, el de los Perezagua y demás, no había vascos, salvo Felipe Carretero, que hablaba euskera, como sabemos por Antonio Rivera en su libro Señas de identidad: izquierda obrera y nación en el País Vasco 1880-1923. Pero en la época en la que escribe Unamuno ya se sabía de los Meabe, Madinabeitia, Amuátegui y demás pioneros nativos del socialismo vasco. Por lo tanto, ¿a qué se refiere Unamuno con el "espíritu vasco" que necesitan los socialistas vascos para entender mejor lo que pasa aquí?

EFECTOS DE LA INVASIÓN

"Entre el cúmulo de terribles desgracias que afligen hoy a nuestra amada Patria, ninguna tan terrible y aflictiva, juzgada en sí misma cada una de ellas, como el roce de sus hijos con los hijos de la nación española.
Ni la extinción de su lengua, ni el olvido de su historia, ni la pérdida de sus propias y santas instituciones e imposición de otras extrañas y liberales, ni la misma esclavitud política que hace más de once lustros padece, la equiparan en gravedad y trascendencia.
(...)
Nada importa, pues, la extinción de nuestra lengua; nada, el olvido de nuestra historia; nada, la pérdida de nuestras propias y santas instituciones y la imposición de las extrañas y liberales; nada, esta misma esclavitud política de nuestra Patria; nada, absolutamente nada, importa todo eso, en sí considerado, al lado del roce de nuestro pueblo con el español, que causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad.
(...)
...pero ya hoy, perdida su independencia, y con ella sus leyes y gobierno propios, borradas han quedado las fronteras que la apartaban de la familia española, rota y deshecha la barrera que a una de otra separaba y establecida la íntima comunicación de ambos hogares; y en el solar de la familia euskeriana penetra la española a título de amiga, y de amiga pasa luego a pariente, y con la confianza que la amistad y el parentesco inspiran se hablan sin recelos sus inteligencias, se comunican sus corazones, se compenetran sus espíritus; y el criterio extraviado vence y ahoga al buen sentido moral, la malicia a la bondad, a la verdad el error, la corrupción a la pureza, la vileza a la dignidad, el vicio a la virtud, el mal al bien; y el mal sienta sus reales en nuestras poblaciones y desde ellas extiende sin tropiezos sus conquistas, y transpone los ríos y se extiende por los valles y penetra en los barrancos y trepa las laderas, y ya la familia euskeriana, acosada y estrechada por la impetuosa invasión, va viendo perecer, arrollados en el inmundo torbellino, a todos sus hijos, no quedándole ya libre del general naufragio más que la cumbre de sus más altas montañas, cuna de nuestra raza.
(...)
Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos? Si hoy con la invasión española coexistieran éstos, y nuestra lengua, en vez de desaparecer rechazada por la extranjera, fuese adquirida y usada por el invasor, y no hubiese euskeriano que no conociera la historia de su Patria, y Euskeria gozase de sus instituciones tradicionales y estuviera cristianamente legislada, y no padeciese infamante yugo sino disfrutase de la independencia política más absoluta, pero el hijo de España fuera cual hoy considerado como hijo de una misma sociedad y hermano, y como hermano y conciudadano fuese recibido en el hogar de Euskeria, ¿qué valor tendría todo aquello al lado del carácter social naturalmente religioso y moral del euskeriano, que a pesar de todo, habría de corromperse, realizada la simultaneidad que suponemos, al contagio del carácter social del español, naturalmente impío e inmoral? ¿De qué le aprovecharía su antigua y bella lengua, ni el recuerdo de su historia, ni sus sabias instituciones, ni su independencia política, ni su católica legislación siquiera, si ya, antes de sentirse los resultados de ésta, el roce íntimo y fraternal de la sociedad española descarriaba las inteligencias de sus hijos, podría [sic] sus corazones y mataba sus almas?
(...)
La sociedad euskeriana, hermanada y confundida con el pueblo español, que malea las inteligencias y los corazones de sus hijos y mata sus almas, está, pues, apartada de su fin, está perdiendo a sus hijos, está pecando contra Dios.
No insultamos al pueblo español, no intentamos ofender a nadie: sólo queremos salvar a nuestra Patria. Somos hijos de una raza desgraciada, somos miembros de una extraviada sociedad, y estamos en el deber de encaminar a su fin a la sociedad en que vivimos y de procurar la felicidad de la raza a que pertenecemos... (...) Y si publicamos la degradación del carácter español, es porque el euskeriano vea en su roce con ese pueblo la causa de su rebajamiento moral, y si afirmamos la independencia de nuestra raza, la afirmamos como necesaria e ineludible para evitar el mortal contagio y salvar a nuestros hermanos, a nuestra familia, a nuestra Patria.
La material inmigración del pueblo español en Euskeria ningún daño moral o muy poco considerable acarrearía, en efecto, si el español no fuera recibido acá como conciudadano y hermano sino como extranjero. Fuese independiente Euskeria y, aparte de que el número de españoles que aquí inmigrasen sería muy contado, los que vinieran vendrían como extranjeros y, como extranjeros, estarían siempre aislados de los naturales en aquella clase de relaciones sociales que más influyen en la transmisión del carácter moral, cuales son el culto, las asociaciones, la enseñanza, las costumbres y la amistad y trato: y entonces esa separación sería tan marcada como la que ordinariamente existe entre los naturales y ciudadanos de un país y los extranjeros, cuando, ya independiente Euskeria, legislase en los primeros tiempos de su libertad y restauración como fuese necesario para borrar de raíz los desastrosos efecdtos sociales de la pasada dominación española y aún aquellas influencias de la misma tan sólo indiferentes.
(...)
No es, no, el liberalismo del gobierno y las leyes actuales de la nación dominadora la causa inmediata y principal de la perversión de nuestro pueblo. No, y mil veces no. Multitud de españoles, repetimos, llegan a nuestra Patria sin haber sentido los efectos de aquel gobierno y aquella legislación, y sin embargo, multitud de euskerianos que tampoco aún los han sentido, pierden sus más bellas cualidades y se pervierten al contacto con los invasores. Los españoles que acá inmigraron pocos años después de la liberalización del estado español, nos trajeron el mismo carácter y las mismas costumbres que los que inmigran ahora. El mal no es, pues, reciente. El liberalismo teórico o doctrinal se aprende, porque es sistema moral y político; pero el práctico está en la misma naturaleza humana, empezó con el pecado original y está expreso en muchos, latente en todos: manifiesto está en el carácter y en las costumbres del español, y al contacto del hijo de España con el euskeriano, se enciende y manifiesta en éste y altera su carácter y sus costumbres.
Yerran, pues, los euskerianos católicos que piensan salvar a Euskeria uniéndola a España. La sociedad euskeriana se pierde en su contacto con la española, y es preciso aislarla hoy en lo posible, para salvar a sus miembros; y para salvar a los venideros, aislarla mañana en absoluto por medio de la independencia política. El carlismo, el integrismo y el moderno regionalismo católico no podrán jamás salvar a Euskeria, porque desde el momento que establecen la íntima unión social del pueblo euskeriano con el español, se oponen a que aquél cumpla su fin, sirvan sus hijos a Dios y salven sus almas.
(...)
Y es oportuno prefijar desde luego cuáles son la Religión y la Moral en cuyos preceptos hubiesen de informarse nuestras instituciones, porque si actualmente no hay más que un partido nacionalista, que es por fortuna íntegramente católico y el único que puede derivarse de nuestra tradición política, no sería imposible, sino muy fácil, dado el actual relajamiento, que el día que la idea de la separación material de España se propagase en nuestro pueblo, surgiera, inspirado por infames logias, algún partido que, con capa de patriotismo, pretendiese liberalizar nuestra constitución y el carácter social de nuestra raza, y fuese por lo tanto no ya nacionalista, pues carecería de derecho su bandera, sino verdaderamente separatista y más enemigo de Euskeria que la misma España.
(...)
Mas no contrarresten e inutilicen nuestro esfuerzo y nuestra acción, ¡por Dios se lo rogamos!, nuestro Clero y las Órdenes Religiosas que en nuestra tierra se hallan establecidas. Medítenlo seriamente y habrán de comprender cómo el roce del pueblo euskeriano con el español corrompe a aquél, y cómo, por tanto, están uno y otras en el ineludible deber de trabajar en todos los órdenes por evitarlo en lo posible. No pretendemos que apoyen la política nacoinalista; que nuestro partido ni aún recibe como afiliados a sacerdotes: únicamente les pedimos respetuosamente no nos combatan; les suplicamos prediquen sólo el Evangelio, no prediquen la sumisión a España; y limitámonos a señalarles el roce con el pueblo español como causa de una gran desgracia moral por todos conocida y a pedirles procuren atajar la perniciosa infección. Se trata de salvar almas: perecen las de nuestros hermanos... ¡Ay de aquel que de obra, de palabra o por omisión coopere a ello!
(...)
Un hijo del estado euskeriano hoy más azotado por la invasión, y natural del más invadido pueblo de él, un oscuro bizkaino, fue quien dio el grito: cierto. Mas no miréis si el que lo dio era seglar o autoridad eclesiástica, ignorante o sabio, pobre o rico, joven o de edad madura.No preguntéis quién ha dado la voz. Es la voz de la razón y la justicia, y esto debe bastaros."
[Reproducción parcial del artículo del mismo título de Sabino Arana Goiri en Baserritarra, 11-7-1897]

INMIGRANTES O INVASORES

"Son tiempos en los que, al parecer, se habla de modo resolutivo y en los que se eleva la voz para que se oiga alto y claro. Tiempos en los que tanto en una parte, como en la otra, se enervan los tonos y se cantan las íntimas verdades que cada uno ha tenido siempre acalladas, silenciadas y hasta amordazadas porque su sonido podría romper estrategias, destrozar tácticas y, sobre todo, avergonzar a las generaciones de antaño y de hogaño. Hoy, ahora, como siempre, es incorrecto políticamente decir la verdad lisa y llana que impide objetivamente a Euskal Herria alcanzar democráticamente su plena soberanía.Durante el pasado Aberri Eguna Xabier Arzalluz, y que sirva de precedente de aquí a la eternidad, dijo su verdad con la que estoy básicamente de acuerdo, aunque vaya por delante que siempre he creído y creo en aquella definición de «pueblo trabajador vasco» que, desde el nacionalismo y desde la izquierda vasca no sólo huía del racismo y de ideas excluyentes sino que, todo lo contrario, buscaba precisamente acoger bajo una patria vasca a todos aquellos que habían elegido esta tierra para vivir.Creo, no obstante, que aquella idea humanista y progresista que es común en la izquierda abertzale no se ha plasmado con el éxito práctico que hubiera podido alcanzar en otra nación y en otro Estado cualquiera. Quienes hemos pasado nuestra existencia pensando en que los habitantes que vivan y trabajen en Euskal Herria son vascos, hemos alimentado una bonita ilusión por la que debemos seguir luchando, pues no por haberlo intentado hemos logrado que todos los ciudadanos se sientan y sean vascos.Hablemos claro. Esta tierra fue una gran oportunidad para que el gran español pudiera invadirla de la manera más sibilina que se conoce en la historia, pues, en definitiva, Euskal Herria fue ocupada por los hombres y las mujeres más inocentes y más pobres de las tierras más inhóspitas de España. Fue «invadida», permítaseme el verbo, por aquellos que se vieron arrojados como hormigas malqueridas de aquel país. Hombres y mujeres que vinieron a Euskal Herria y que también fueron explotados, como el resto de la clase trabajadora vasca, pero que también lograron sobrevivir y recobrar su dignidad con su trabajo y existencia en esta nación. Estaban, como lo están quien en el futuro miren a este pueblo como tierra donde asentarse, en su pleno derecho, pero al mismo tiempo no debemos olvidar que objetivamente la inmigración cumplió con el oscuro objetivo de diluir, hasta casi la destrucción, una nación a la que vinieron en aluvión hablando español y pensando en español, porque Euskal Herria era para ellos un trozo más de España. Y esto se llama avasallamiento.Cuando desde el alma rota de los vascos brotaban las primeras lágrimas por el euskara y por su cultura milenaria mancilladas y troceadas, Antonio de Nebrija hacía ideología cuando escribía la primera gramática llamándonos brutos descristianizados; y cuando reivindicábamos por nuestros fueros reducidos a la mínima expresión, Cánovas del Castillo descubrió aquello de que la «fuerza es el derecho», una máxima que siempre ha valido para los mandamases de Madrid, pero que siempre que lo ha utilizado Euskal Herria ha sido calificado de «terrorismo». Y esta filosofía estaba y está en la inmigración española en Euskal Herria, en aquellos que cuando se les hablaba en euskara ordenaban imperativamente lo de «háblame en cristiano». ¿Acaso los emigrantes españoles les espetaban de igual modo a los ciudadanos alemanes en Hamburgo cuando les hablaban en alemán?Los inmigrantes ayudaron, efectivamente, a levantar la economía vasca... de España y han colaborado al enriquecimiento de los grandes capitalistas vascos... de España. Desde su conciencia ideológica de una e indivisible patria española, mantenida, alimentada y alentada desde siempre por los sindicatos y partidos nacionalistas españoles (PSOE, PCE, UGT, CCOO y otros que ayer fueron Falange y hoy son PP) han contribuido, inconsciente y conscientemente, al intento de la destrucción nacional de Euskal Herria.Son muchos los que a pesar de estar domiciliados en ciudades y pueblos vascos viven en España y, además intentan imponer a sus vecinos euskaldunes su cultura española de vivir, y muchos son los que una vez instalados en la fama y en el reconocimiento profesional pasean españolidad en los mo- mentos de éxito y risas, y sólo se reclaman vascos a la hora de machacar públicamente al nacionalismo vasco desde foros como el de Ermua y desde espíritus como el de Vallecas.No obstante, y a renglón seguido debemos añadir que también son muchos los que dejaron de ser emigrantes españoles para ser vascos, euskaldunes y dar su vida por una Euskal Herria libre, sin olvidar sus raíces, tan honradas y respetables como las de cualquiera. Son muchos los que, llegados desde otras tierras han contribuido a enriquecer nuestra cultura y defender su identidad, que es la suya. Euskal Herria se ha entreverado desde hace miles de años, pero esto no ha sido obstáculo para que sienta su identidad diferenciada. Es más, el milagro vasco está precisamente en su inteligente permeabilidad que le ha facilitado la asimilación de otras lenguas y otras culturas sin tener por ello que perder su propia personalidad.Y es que el meollo de la cuestión no está en si la inmigración fue o no perversa, aunque objetivamente así lo parezca o así lo fuera. La perversidad consistió y consiste en el sostenimiento de la logística ideológica que a todas y cada una de las oleadas de emigrantes españoles les fue aportada, para que no perdieran su esencia nacionalista española en detrimento de las señas de identidad vascas. La perversidad está en que, desde siempre, los sucesivos gobiernos de Madrid, han querido convertir a sus pacíficos e inocentes inmigrantes en invasores, y, con la justificación de defenderlos, por ser rehenes de una ideología imperial española, amenazar permanente y constitucionalmente con las armas a todos aquellos que luchaban por la soberanía de Euskal Herria. La maldad está, como desde el más puro racismo afirma Rosa Díez, en cantar las alabanzas del «mestizaje» (lo que equivale a reconocer varias razas ) para así auparse en el «criollaje», que es lo que siempre la gran España hizo en todas sus tierras conquistadas.El elemento esencial del conflicto en Euskal Herria, desde siempre, no está ni en el racismo ni en la xenofobia; está en que el nacionalismo español nunca ha consentido que aquí, en esta tierra, se integraran como vascos a todos los seres humanos que en ella y de ella viven, pues su mala idea partía y parte de una verdad objetiva, contundente, universal y que también el nacionalismo vasco conoce: si los inmigrantes son integrados lingüística y culturalmente allí donde les lleve su necesidad de supervivencia es porque en el lugar donde esto ocurre, existe una nación soberana. Sólo al nacionalismo español conviene que los inmigrantes lo sigan siendo."
[Reproducción del artículo del mismo título de Jabier Salutregi Mentxaka, en el periódico Gara, 3-4-2000]
RESPUESTAS DE "LA IDENTIDAD MAKETA":
* Los nacionalistas vascos no acaban de interiorizar el sencillo hecho de que el País Vasco y Navarra, cuando los inmigrantes llegaron aquí en grandes oleadas a finales del XIX (auténtica invasión), no eran entidades políticas independientes. El nacionalismo surge a raíz de la llegada de los inmigrantes aquí. Lo que hay antes que se le parezca, los precedentes del nacionalismo son sólo eso, precedentes. Este es el hándicap principal que motiva y lastra en sus razonamientos, a mi juicio, el artículo que abre esta entrada.
* Una nueva identidad para los que llegan.
El inmigrante, a juicio del autor, o se convierte en vasco (es a lo que aspira siendo "inmigrante") o permanece siendo español (es lo que le corresponde como "invasor"). Aquí se entiende por vasco al individuo del País Vasco o Navarra que lucha por la independencia. Y español sería, en buena lógica todo lo contrario.
Pero ocurre que el inmigrante que viene de otras partes de España adquiere, por así decir, una nueva identidad. Una identidad distinta a la que tenía en sus lugares de procedencia. Identidad que viene dada por dos rasgos singulares: primero, el de salir del pueblo, el del desarraigo; segundo, el de contactar con el vasco. Ambos rasgos son desconocidos para los que se quedan en los pueblos expulsores de inmigración y constituyen, a mi juicio, la raíz de la identidad maketa.
* Para el nacionalismo vasco, o se es vasco o se es español.
Pero ocurre que los inmigrantes que llegan aquí no llegan de España en general, llegan de unos pueblos muy concretos de procedencia. No es lo mismo el que viene de Galicia, que el que viene de Extremadura, que el que viene de Andalucía o de La Rioja o de León o de Asturias. Cada uno de ellos trae su bagaje peculiar. Pero todos ellos tienen algo en común entre sí, lo que decíamos antes: el desarraigo y el contacto con el vasco. Como también tienen en común un mismo origen cultural y social con sus pueblos respectivos, con las gentes que quedaron allí. Que todos los inmigrantes tengan un carácter español que les identifica, sí, siempre que a la vez se considere lo que les separa, lo que les diferencia; no, siempre que se quiera uniformizar a todos los inmigrantes en unos mismos caracteres tipológicos o folklóricos de lo español.
Seguiremos.

FE DE ERRATAS, CORRECCIONES Y PEQUEÑAS MODIFICACIONES EN "LA IDENTIDAD MAKETA"

P. 66: "... la sensación de que...", en lugar de "... la sensación que..." (dos veces)

P. 75: "probablemente", en lugar de "probablamente"

P. 87: 1.155.106 habitantes para Vizcaya, en lugar de 1.455.106

P. 92 y 94: en la relación de procedencias y tantos por ciento, sustituir los dos puntos por comas en cada tipo de población establecido.

P. 94: Sestao es también un municipio importante de la margen izquierda, que olvidé involuntariamente en la relación que hago ahí.

P. 97: "Álava invirtió la tendencia en los años 50, para ser un gran receptor en los años 60", en lugar de "Álava invirtió la tendencia en los años 50 para ser un gran receptor, en los años 60.

P. 98: baby boom en lugar de baby-boom.

P. 99: "... inmigrantes del resto de Castilla, así como gallegos, andaluces y extremeños..." en lugar de "... inmigrantes gallegos, andaluces y extremeños..."

P. 108: "sindicalmente" en lugar de "laboralmente"

P. 129: la obra de teatro de Azkue no se titula Bizkaitik bizkaira, sino Vizcay'tik Bizkai'ra, tal como nos la comenta Sabino Arana en su periódico Bizkaitarra, o en todo caso Vizcaytik Bizkaira, como transcribe el título José Luis de la Granja en su Sabino Arana Goiri: De fuera vendrá...

P. 145: "... Juan Gracia (consejero de Asistencia Social, del PSOE) y Alfredo Espinosa (consejero de Sanidad, republicano) ... (al no decir que fueron consejeros del Gobierno Vasco de Aguirre, no se resalta adecuadamente su importancia para el caso que nos ocupa).

P. 210: Donde ponemos gheto, debemos poner gueto. Son ocho las veces que aparece ese término en esta página.

EL ANTIMAQUETISMO

"Cuando hace más de cuatro años, en julio de 1894, dediqué a este mismo asunto dos artículos en Las Noticias, de Bilbao, mi pueblo, no faltó quien dijera que veía visiones concediendo inmerecida importancia a una chifladura sin alcance alguno. Sucesos posteriores revelaron que no exageré la importancia del movimiento denunciado allí, y la elección del señor Arana ha atraído, por fin, sobre él la atención general.
Creo conocer bastante bien el carácter y alcance en la comarca que el Nervión baña del movimiento llamado separatista, cuyo valor es inútil querer deprimir. Extiéndese su espíritu, con mayor o menor intensidad, desde los que se contentan con escribir Bizkaya y otros desahogos tan inofensivos y pueriles, hasta los que leían con fruición aquello de que si un maqueto, estando ahogándose, pidiera socorro a un vizcaíno neto, debía éste contestarle: nik eztakit erdaraz (no sé castellano), barbaridad que se estampó en un papel que circulaba con éxito entre el clero joven de Vizcaya.
El calificativo más adecuado al movimiento no es tanto el de separatismo como el de antimaquetismo. Es ante todo y sobre todo una explosión de enemiga hacia el español no vascongado, el maqueto, establecido en Bilbao y que allí trabaja. Las raíces del movimiento son de carácter económico, radicando en el desarrollo industrial de la región minera. Es un hecho análogo a tantos otros fenómenos sociales semejantes, como la enemiga de los checos contra los alemanes en Bohemia, pongo por caso.
En el mismo Ayuntamiento de la villa de Bilbao han llegado a establecerse diferencias con motivo de cierta escuela de sordomudos entre los vecinos indígenas y los vecinos naturales de otro pueblo, como si éstos no contribuyeran en igual medida que aquéllos a levantar las cargas municipales. Y es un síntoma harto significativo el de que tal monstruosidad pasase sin más protesta que la de los socialistas. El antimaquetismo manso tiene en Bilbao más raíces de lo que se cree.
El nombre maqueto, de origen castellano, procede de la región minera, donde se le aplicaban en un principio, en sentido de advenedizos o intrusos, los naturales de la comarca aquella, y con ellos los obreros del país, a los pobres braceros que acudían de toda España a ganarse un jornal con su trabajo, enriqueciendo a los dueños de minas, vizcaínos en su mayoría. De allí se ha extendido a toda Vizcaya.
El rápido desarrollo que en poco tiempo alcanzó la industria extractiva del Nervión, y la riqueza que a su favor fue acumulándose, atrajo multitud de gentes de toda España, como siempre sucede, tiene que suceder y debe suceder.
Mientras se encontraba fácil empleo productivo para los ahorros del pasado trabajo, y con la extensión de éste crecían el interés del capital, el beneficio del empresario y la renta del propietario, era bien recibido todo el que acudiese a hacer producir a los capitales y se miraba con buenos ojos la inmigración; pero así que se ha llegado al punto crítico de la acumulación capitalística y que los capitales difícilmente hallan empleo lucrativo para sus dueños en aquel mismo mercado, ha tomado gran incremento toda forma de aplicación socialmente improductiva y florece que es una plaga el agio en todas sus formas. Bilbao padece el brutal caciquismo de la industria, ejercido por gentes del país sobre todo, no por maquetos y por gentes sin cultura ni elevación de miras.
Hoy tal vez sea Bilbao la población española en que sobre más capital, ya que no riqueza, y buena prueba es de ello que fue la que más contribuyó proporcionalmente al famoso empréstito patriótico. Y como en todos los pueblos en que se llega a este punto crítico, la demanda de trabajo se restringe y sufre grandes oscilaciones, las crisis se hacen endémicas, encarece la vida y se quedan multitud de jóvenes sin colocación. En Bilbao, donde la vida es cara, gastan inútilmente las aceras del bulevar muchos jóvenes de carrera, sobre todo desde que existe el Colegio de Deusto. Y en tal situación vuélvense los hijos del país contra los de emigración, y los vizcaínos de anteayer contra los de ayer, acusándose de intrusos y perturbadores.
Es que los colaboradores de la producción se han dejado sentir como concurrentes al consumo; es que hay que repartir el trigo entre los segadores, y tocan a poco. Culpan a la llamada invasión de males que lleva consigo el proceso mismo económico. Es la cantinela de siempre, basada en profunda ignorancia del dinamismo social, ignorancia que es la base principal del movimiento antimaquetista, cuyo actual cabecilla, aunque no de talento, carece en absoluto de sentido histórico, a pesar de las historias de que tiene atiborrada la mollera, y se muestra en sus escritos ayuno por completo de cultura científica en cuestiones sociales. Escribe como quien tratara de química con la ciencia de los alquimistas.
Que hay que separar el antimaquetismo de la cuestión foral, lo prueba el hecho de que florezca aquél en Bilbao, cuya historia durante siglos ha sido un continuo pleito contra la base del régimen foral mismo, con cuyo restablecimiento perdería no poco la villa del Nervión. El antimaquetismo toma fuerza allí donde se extiende la transformación social que el proceso económico del industrialismo lleva consigo. Al aldeano del interior de Vizcaya le preocupa más la adquisición de los bienes que fueron del común en un tiempo (pastos y montes comunales, etc.) por particulares, alguno de ellos rabioso antimaquetista.
Muchas cosas ofrece este completísimo asunto, sobre el que he de volver algún día. Me he limitado en estas líneas a exponer el que creo su verdadero carácter íntimo, despojándolo de concomitantes y accesorios que le reúnan.
Nada digo de los remedios al mal, porque antes de recetarlos es preciso diagnosticar bien la enfermedad y estudiar sus causas. Mas, aparte de lo que puede hacerse entrando de lleno en la vía de las reformas sociales (leyes sobre el trabajo, etc.), mucho se conseguiría atendiendo a las aspiraciones regionalistas, indispensable factor de la regeneración de España. El regionalismo es en el fondo, no ya distinto, sino hasta opuesto a todo antimaquetismo.”
[Reproducción del artículo del mismo título de Miguel de Unamuno en El Heraldo de Madrid, 18-9-1899]

LOS ANTIMAQUETOS

"Pasan ya de castaño oscuro los desplantes que se permiten los señores maquetófobos, y hay que ir pensando en el modo de cortarlos de una manera radical y por lo sano.
Desde que el señor Leguina propuso en el Ayuntamiento, y fue aprobado, aquella judiada de que para ingresar en el Colegio de sordomudos, con pensión municipal, era preciso ser hijo y vecino de Bilbao, apenas si ha pasado sesión donde alguno de nuestros más conspicuos percebes de Municipio no haya hecho alguna manifestación antimaqueta; y ahí están los señores Storm, Mogroviejo y Cortés, que no nos dejarán mentir.
¡Y mire usted que llamarse Storm, Mogroviejo y Cortés, y echarlas de vizcainía pura y sin mancha, es un colmo! ¡No decimos nada si esos tales llegan a llamarse Aurrecoechea, Iruretagoyena u otra cosa por el estilo! ¡De fijo que entonces piden la decapitación de todos los que han nacido más allá del Ebro!
Razón tiene un amigo nuestro y vizcaíno por más señas, cuando dice que la gente de aquí, llámese como se llame, republicano o carlista, tienen las ideas políticas como barniz que cubre su interior lleno de majaderías bizkaitarrescas y que apenas se las raspa un poco, aun las que parecen más ilustradas, dejan ver al descubierto lo que son en sustancia: bizkaitarras por los cuatro costados.
Y un día piden y obtienen que el ingreso en el asilo de San Mamés se conceda a los maquetos a los cien años, o poco menos, de residencia en la villa, y otro que una vacante de arquitecto se provea en individuo nacido precisamente en Vizcaya y siempre que los destinos, por ínfimos que sean, que no se otorguen más que a los vascongados.
Nosotros, que no somos maquetos ni antimaquetos, que la Tierra nos parece pequeña para patria, que nuestros enemigos son los que lo son del pueblo, sean vizcaínos o andaluces, castellanos o turcos, y nuestros amigos y hermanos los desheredados de todas partes que padecen bajo el poder tiránico y explotador de la burguesía, no podemos ver sin repugnancia ese espíritu de pequeñez y de miserias que informa a los llamados regionalistas y todas las armas nos parecen buenas para combatirlos, desde la chacota y el ridículo hasta el argumento serio y contundente.
Pero parece que esto no basta; la marea bizkaitarra sube y amenaza ahogar lo poco que hay de sano en este sentido en la clase burguesa. Se hace necesario que los electores, en las próximas de concejales, se fijen en la filiación de los candidatos, en sus tendencias, aunque lo mejor es que el pueblo conceda su representación a los socialistas, que son los únicos libres de preocupaciones ridículas y los que se mueven sólo a impulsos de elevados principios de moralidad y justicia.
Continuaremos sobre este tema.”
[Reproducción del artículo del mismo título de Miguel de Unamuno en La Lucha de Clases, 29-8-1896]

EFECTOS DEL ANTI-MAQUETISMO

“Es una verdadera pena los estragos que ha hecho en una buena parte de la juventud bilbaina esa estúpida campaña anti-maquetista, que no es aquí más que el reflejo de un movimiento análogo que enfrente del socialismo internacional y cosmopolita se está verificando en mucha parte de Europa. Por anti-maquetismo se han destrozado obreros italianos y franceses, cegados por predicaciones interesadas de la burguesía; por anti-maquetismo malgastan sus entusiasmos no pocos alemanes, por anti-maquetismo retardan la hora de su emancipación no pocos eslavos.
Es la táctica del capitalismo burgués, hacer creer al trabajador que su enemigo es el trabajador de otros países, como se empeñan en hacer creer al pobre labriego que los males producidos por la renta y la apropiación del suelo son males debidos al librecambio. En todas partes sucede que los directores y guiones de esos movimientos proteccionistas, nacionalistas, regionalistas o anti-maquetistas (diferentes fases de un mismo sentimiento repulsivo y bárbaro), son o dueños de tierras o servidores de ellos o explotadores de la renta nacional.
Lo peor acaso del anti-maquetismo aquí es que absorbe las energías anímicas de no pocos jóvenes y desgasta sus entusiasmos y que, a la vez, halagando la natural pereza intelectual y manteniéndoles en el error y la ignorancia, les impide el que se pongan a estudiar el carácter y naturaleza del malestar que aquí, como en otras partes, se siente, y procuren rebuscar sus causas.
Si es enorme la cantidad de errores históricos que se han vertido y se vierten en esa campaña, repitiendo una vez más, sin crítica alguna, el aluvión de patrañas que acerca de la historia de este país corren por librotes no por indigestos menos superficiales, es mucho mayor la ignorancia profunda que se muestra de las leyes sociológicas del desenvolvimiento de los pueblos y del proceso económico moderno.
Lo que más claro se ve en el fondo de esas declaraciones en contra de la invasión es la más crasa ignorancia acerca de los caracteres y las causas de la invasión misma. Y es natural, un cualquiera, aficionado a esto o lo otro, conocedor más o menos profundo de tal o cual cosa, se mete sin ton ni son, sin noción alguna de las leyes que rigen la vida de los pueblos, a hablar de lo que cree ver en derredor, como si la vista no necesitara educarse y sobre todo la vista intelectual. Coge cuatro cosas descosidas, se fija en tal o cual hecho que le ha molestado personalmente, se acuerda de que un forastero le quitó la novia o un empleo, o de cualquier otro fenómeno social tan importante como éste, y ya le tenemos metiéndose a hablar de lo que no entiende y descubriendo el origen de nuestros males. Mejor harían esos tales ponerse a tocar el violón o a averiguar cuál es el mejor acompañamiento de la limonada.
Y lo triste es que una porción de jóvenes, muchos más que lo que creen esos graves sujetos que afirman que no tiene importancia aquí el anti-maquetismo, y es lo triste, decimos, que una porción de jóvenes se entusiasman de esas inepcias y a tal punto se les trastornan el seso y los sentidos, que salen de aquí, se van a Maquetania, y empiezan a delirar y ver visiones y a relatar lo que nunca han visto y hasta mentir descaradamente, porque no otra cosa es atribuir al prójimo caracteres que se sabe no le competen tan sólo por fuerza del consonante.
Entre tanto, esa desagraciada juventud no se para a estudiar la sociedad que le rodea ni a pensar en ello, ni siente el más pequeño impulso de enterarse de los frutos de la investigación sociológica. Le basta con las cómodas y estúpidas doctrinas del antimaquetismo.
Precisamente porque tales doctrinas, monopolizando los entusiasmos de la juventud que cae en ellas, le apartan de fijarse en el verdadero problema, es por lo que las miran con simpatía y las dejan pasar sin protesta los que más debieran oponerse a ellas.
Advertía en cierta ocasión un amigo nuestro a un señor su conocido, de que se daba con sobrada frecuencia a la bebida un muchacho sobrino del tal señor, a lo cual le contestó éste: «Más vale eso que no el que se inficcione de malas doctrinas; necesita alguna válvula de seguridad». Así discurren por dentro los que dejan pasar el que se emborrache gran parte de la juventud bilbaína con el veneno del anti-maquetismo.”
[Reproducción del artículo del mismo título de Miguel de Unamuno en La Lucha de Clases, 9-11-1895]

BIZKAITARRISMO

“En la sesión que celebró el viernes de la pasada semana nuestro incomprable concejo, y al tratarse de la manera como ha de proveerse una plaza de ayudante de obras públicas, el profundo estadista y trascendental político señor Mogrovejo, de pura raza vasca por sus sesenta y cuatro costados, propuso se exija como condición para poder concursar a dicha plaza la de ser vizcaíno. Puesta a votación propuesta tan estupenda, hubo empate y se dejó para otra sesión el resolverla.
Ha sido el segundo cañonazo. El primero fue aquel de que para poder ingresar en la escuela de sordomudos hay que ser hijo del país.
La peste del bizkaitarrismo está difundida aquí por toda la burguesía indígena, y se difunde más y más cada día a favor de la general ignorancia de nuestra historia y del profundo desconocimiento de toda doctrina sociológica.
Lo que ha propuesto el señor Mogrovejo y han votado la mitad de los asistentes a la sesión citada es la barbaridad más barbaridad que puede brotar de cabeza humana. Tiéndese aquí hace tiempo a establecer diferencias entre los vecinos naturales de la villa y los vecinos no naturales, como si éstos no contribuyeran lo mismo que aquéllos a levantar las cargas públicas. Y aún hay más, y es que los principales motores de todo este movimiento son propietarios indígenas, y sabido es que aquí son los que relativamente contribuyen menos al levantamiento de las cargas públicas. Puede afirmarse, sin temor a ser desmentido, que en Bilbao es la clase obrera la proporcionalmente más recargada de impuestos, y puede también afirmarse que es en la clase obrera donde más abundan los maquetos, luego son los maquetos los que más contribuyen a los gastos públicos.
Para pagar todos somos lo mismo, mejor dicho, los de fuera resultan por arte de birlibirloque más paganos, pero para aprovecharse enseguida vienen las distinciones.
Por supuesto, que es trabajo perdido el que se emplee en querer convencer a esas cabezas de granito, al servicio de espíritus de corcho, de que lo conveniente para todos es buscar para las funciones y empleos públicos los más aptos, sean de donde fueren. En un país tan atacado de las mil y una formas de la lepra del proteccionismo, todo trabajo racional es estéril.
La doctrina del señor Mogrovejo es salvaje en sentido estricto, es decir, propio de los pueblos en estado de salvajismo, sea inicial, sea por retroceso. Y aquí la desproporción entre la civilización externa y la cultura interna, el que corra un tranvía eléctrico ante los ojos de un cerebro estancado en ideas muertas, ha traído un íntimo salvajismo por atavismo. No hay derechos más que para los miembros de la misma tribu.
Hubo concejal que sostuvo que el concurso debía ser libre por tratarse de arte y de artistas. ¿Con que por tratarse de arte y artistas? ¿Y lo demás no? Sería conveniente que ese ingeniosísimo concejal nos dijera qué es lo que entiente por arte y artistas, y por qué ha de estar abierto todo trabajo al que resulte más apto, sea de donde fuere, más que en el caso de ser artista. Al excluir de derechos protectores al arte, ¿es que cree ese señor concejal que no siendo producto de aquí conviene abrir la mano hasta que se aclimate?
¡Cuánta majadería, santo Dios, cuánta majadería!
Y es lo peor que esto va poniéndose insoportable bajo el influjo de esa oligarquía de propietarios y de los restos de los antiguos jaunchus e hidalgüelos que vislumbran la más terrible de las expiaciones: la de tener que trabajar para comer.
Y propalan mentiras, falsean los hechos, desfiguran la historia y hasta se atreven a echar la culpa al forastero de sus propios vicios y de sus propias imbecilidades.
¿Sabrá Mogrovejo qué es lo que ha propuesto? Lo dudamos mucho. De seguro que ni tiene idea del alcance de su proposición, como no la tienen los topos que la han apoyado. ¿Qué verdad encierra aquella simbólica sentencia de que «Dios ciega a los que quiere perder»!
Cuando de un pueblo se borra el sentimiento de la justicia, sus riquezas sólo le son de perdición.”
[Reproducción del artículo del mismo título de Miguel de Unamuno en La Lucha de Clases, 4-7-1896]

EXTRANJERIZACIÓN

"Dados los frecuentes y poderosos medios de perversión de nuestras costumbres, los alicientes inmorales que incesantemente conspiran a destruir nuestro carácter y la natural flaqueza o debilidad humana, nada aparece más lógico que el actual estado de decadencia por que atraviesa el pueblo vasco sometido cada día a la influencia corruptora de una inmigración de gentes incultas, brutales y afeminadas.
Surge por doquiera un extraño, y allí mismo se levanta un apóstol de la civilización musulmana del pueblo de pan y toros, estableciendo al momento cátedra de irreligión en medio de la piedad más acendrada, predicando socialismo entre las masas de honrados y sencillos labradores e introduciendo en el pueblo, en la familia y en la conciencia misma de los individuos la semilla de la revolución social y anticristiana, cuyos últimos destellos brillan con resplandores infames cual antorchas de la barbarie, y de la esclavitud, y de la deshonra.
Es, por lo tanto, evidente de toda evidencia que la salvación de la sociedad vasca, su regeneración actual y su esperanza en lo porvenir, se cifran en el aislamiento más absoluto, en la abstracción de todo elemento extraño, en la exclusión racional y práctica de todo cuanto no lleve impreso con caracteres fijos e indelebles el sello de su procedencia netamente vasca, desechando inexorablemente todo lo exótico, todo lo inmoral, todo lo dañino.Porque es indudable que, allí donde haya roce de elementos contrarios, hay un desgaste más o menos sensible, y la experiencia nos patentiza que del contacto del pueblo vasco con el extraño se produce infaliblemente la ruina moral y material de aquél, y la entronización de éste con todas sus consecuencias."
[Reproducción del artículo de Sabino Arana Goiri, del mismo título, tomado de El Correo Vasco, 10-8-1899]

APARICIONES DEL TÉRMINO MAKETO EN "VERDES VALLES, COLINAS ROJAS" DE RAMIRO PINILLA

VOLUMEN I: LA TIERRA CONVULSA

P. 107: Ya desde aquella madrugada el pueblo los veía amontonados alrededor de hogueras, silenciosos y sin mirar a las gentes que les miraban desde el camino-carretera mormojeando la palabra “maketos”.
P. 108: ... es decir, qué pintaban allí los setenta maketos...
P. 108: En sólo dos días, los “maketos de Ella” –como enseguida empezó a llamárseles-
P. 110: ¿Y esos maketos que se han quedado?
P. 213: “Es maketa”.
P. 213: El padre no podía saber si era maketa o no, así que estaba preguntando.
P. 213: “Es maketa”, dijo él.
P. 213: “Una maketa preñada”, dijo la madre.
P. 213: “No quiero una maketa en Altubena”, dijo el padre.
P. 213: Y mi tío Santiago dijo: “También las maketas pueden guisar como las reinas”.
P. 221: -En la tripa de esa maketa hay algo con la mitad de sangre vasca –digo.
P. 249: -Lo que te dé esa maketa no será tu hijo –dice la madre.
P. 365: Se palpó una especie de fatalismo: de nada le había valido a mi tío Roque librarse de la minera, pues siete años después caía con otra maketa...
P. 386: “Si vuestro padre hiciera lo mismo en sus minas y fábricas, si los demás dueños de industrias amaran a nuestra patria tanto como lo juran de palabra, en Euskadi no habría maketos ni esas ideas infernales y ateas que pretenden cambiarnos, es decir, destruirnos.”
P. 389: ... irrumpe el maketo y elige el bajo llano del caserío de Patxo para emplazamiento de su fábrica.
P. 389: El maketo engaña a Lartaun y se hace con la tierra deseada.
P. 390: No será el maketo el culpable de que Patxo pierda su caserío y sus tierras...
P. 401: ¡Esto no es cosa de maketos, sino también de los vascos!
P. 417: ¡Deja en paz al maketo...
P. 419: ... pues apenas pasaba el día sin verse el bulto del maketo acechando como un halcón.
P. 419: “¡Pero si el maketo sólo está a un tiro de piedra!”, exclamé.
P. 419: ... pues enseguida hubimos de retroceder por otro lado para llegar junto al maketo.
P. 420: El maketo hinchó el pecho, haciendo crujir el correaje...
P. 420: “Bisabuelos, abuelos, padres, yo, todos de Palencia”, dijo el maketo...
P. 420: “Cinco años”, dijo el maketo.
P. 420: “En estos meses estoy descubriendo lo que me resistía a creer que fuera verdad”, dijo el maketo.
P. 420: “No es la primera vez en la historia de los hombres que la familia de ella o la de él o ambas se oponen a...”, dijo el maketo...
P. 420: “¿La Galea?”, dijo el maketo.
P. 420: “No es de buen gusto hablar de violencia entre personas que van a ser parientes”, dijo el odioso maketo.
P. 420: “Ese maketo nunca se casará con nuestra hermana, ¿verdad, Martxel?”, le decía.
P. 420: ¿Recuerdas lo que tiene escrito Sabino Arana sobre los maketos?
P. 421: ¡Así dice Sabino Arana que son los maketos, tan despreciables, tan distintos e inferiores a los vascos!
P. 421: No vimos ni rastro del maketo en los días siguientes...
P. 421: ... casi simultáneamente ocurrieron la reaparición del maketo y la muerte de Sabino Arana...
P. 421: ... a los tres días de descubrir al maketo entre los árboles, perdíamos al Maestro.
P. 421: ... ya no tuve reparo en utilizar la expresión oída al maketo.
P. 421: Como la gran señal de que la Patria estaba en peligro era el regreso del maketo...
P. 423: Me encontré en el balcón del piso superior, la atalaya desde la que vigilábamos al maketo.
P. 424: El maketo tardó cuatro días en saber -¿cómo?- que Fabi no estaba en casa.
P. 424: En febrero, el maketo llamaba a nuestra casa...
P. 424: Finalmente, cerró la puerta, dejando al maketo fuera...
P. 424: “Perdone, señora”, dijo el maketo.
P. 424: “Oh, ya sé que no está aquí”, dijo el maketo.
P. 424: “Perdone, señora”, repitió el maketo...
P. 425: “Perdone, señora”, repitió el maketo...
P. 425: La espalda del maketo no dio muestras de haberla oído.
P. 425: ¿Había estado allí realmente el maketo?
P. 426: “Todo iba bien hasta que habló el maketo”, le dije.
P. 427: No pudo resistir la presencia del maketo en nuestra puerta, ni sus palabras...
P. 427: Todo ocurre porque el maketo pronunció las palabras.”
P. 440: ... aquel golpe de efecto para doblegar la resistencia de Cristina a la boda de su hija con el militar maketo.
P. 441: ... la gestión se encaminaba a la proscripción de una boda entre una vasca y un maketo.
P. 503: -¿Qué había de comprender? ¿Que a Roque la familia no le dejó casarse con una maketa?
P. 616: Me refiero a que sobre los hombros de Román Pérez de Angulema, “el Roto”, el maketo...
P. 617: Me imagino que Cristina hubo de mostrar cierta firmeza –quizá le bastara la naturalidad- para vencer la resistencia del grupo a la presencia del maketo...


VOLUMEN II: LOS CUERPOS DESNUDOS

P. 283: “Concentraos en lo que os voy a decir, hijos, no penséis en otra cosa: si alguien os preguntara..., un madrileño, un andaluz, cualquier maketo de esos que siempre andan metiéndose con nosotros...”
P. 337: ¡Al fuego, al fuego las ideas maketas!
P. 359: Getxo lo había olvidado todo: no sólo el apelativo de “el Roto”, sino el maketo de Pérez y el engolado de Angulema...
P. 502: -Ahora que te veo, sí, tenías alma de maketo –dice José Antonio.
P. 502: ¿Cómo puede reir José Antonio con un maketo?


VOLUMEN III: LAS CENIZAS DEL HIERRO

P. 52: ... él siguió empleando en sus industrias a obreros maketos y produciendo hierro en cantidades ingentes para todo el planeta Tierra y poniendo Euskadi hecha una kaka.
P. 220: -¿Te han mandado esos maketos a que nos hables de anarquismo? –preguntó agriamente Petaca.
P. 235: ... y los rojos no son como los vascos. –Maketos –dijo Joseba.


Total: 63 apariciones del término maketo en todas sus variantes a lo largo de esta extensa y excesiva trilogía. Interesa resaltar que el término maketo aparece en el texto así, tal cual, sin cursiva, ni comillas, como un término más, de uso habitual en castellano (nunca aparece en su forma maqueto).
Las apariciones de maketo, como se ve, son abrumadoramente mayoritarias en el primer volumen, por razones obvias del contenido de los tres volúmenes (en rigor lo de colinas rojas del título de la trilogía sólo debería referirse a ese primer volumen).
Las citas están tomadas de la edición de Verdes valles, colinas rojas de Barcelona, Círculo de Lectores, 2004 (vol. 1) y 2005 (vols. 2 y 3).

LOS CHINOS EN EUSKERIA

"La plaga mayor que pudo caer sobre los norteamericanos fue la despoblación de la China para extenderse por los estados yanquis. La plaga suprema que ha caído sobre nosotros ha sido la inmigración de familias y aun tribus enteras procedentes de luengas tierras. Chinos como los auténticos de coleta y tan dañosos aquí como sus congéneres lo fueron en Norteamérica, forman por regla general en lo que aquí se llama socialismo y constituyendo verdaderos cuerpos de ejército, caen sobre las minas, las fábricas, sobre las obras todas que se presentan al paso, ocupándolas.
Porque, como el chino de Oriente, el chino bermejo come y se alimenta como diz que come y se alimenta el camaleón y trabaja o hace que trabaja por jornales imposibles, risibles para aquellos que antes de trabajar comen porque después de comer trabajan.
La pasa de chinos bermejos, obreros de lo que salte, se hace cada vez más espesa: bajan con su presencia los jornales a tanto que quien ganó cinco en un tiempo debe hoy darse por feliz con tres y trabajando lo mismo, y la emigración del hambre, no de la ambición, sigue aumentando, aumentando como si nuestro pueblo estuviera destinado por Dios a ser cuna de desgraciados únicamente.
El baserritar que baja a la ciudad, a la cantera, a la mina, a la obra, baja acosado por la necesidad y busca el trabajo para vivir. Y topa con la plaga de los chinos y como éstos se alimentan sólo nominalmente porque su trabajo es nominal y nominal por tanto en desgaste, aquél habrá de conformarse con el jornal ridículo por que trabaja éste y como él habrá de comer, ya que no trabajar, nominalmente.
Y entre padecer hambre y sed y hasta persecución por parte de los chinos, el baserritar se embarca y marcha a perderse entre las multitudes del otro mundo, sin familia ya y abandonando a su patria.
De ahí que, como a los norteamericanos, la plaga mayor que pudo caer sobre nosotros fue la despoblación de innúmeras comarcas y su dispersión entre nosotros. Y como el mal es uno con el apuntado en Norteamérica, uno debe ser el remedio con el yanqui. Remedio que es en verdad práctico y nada costoso."
[Reproducción del artículo de Sabino Arana Goiri, del mismo título, tomado de El Correo Vasco, 10-9-1899]
Este artículo, incluido en las Obras Completas de Arana Goiri y profusamente citado, no es artículo original de Sabino Arana Goiri, como nos demuestra Javier Corcuera y otros en su Historia del Nacionalismo Vasco en sus Documentos, Bilbao, Eguzki, 1991, 4 vols.